No es casualidad que el anuncio se hiciera hoy. El 25 de marzo es el Día de la Lectura de Tolkien — la fecha en que, dentro del calendario de la Tierra Media, el Anillo fue destruido en el Monte del Destino. Warner Bros. lo sabía. Colbert lo sabía. Y cualquier fan que valga la pena también lo sabe.
La primera vez que supe sobre El Señor de los Anillos fue por la película de Ralph Bakshi, que en El Salvador exhibieron en diciembre de 1977. Lo dice también "La Historia Definitiva de los Comic Geekos": nadie entendió la película, pero en El Conejo Cholco vendían las figuras de Gandalf, Frodo y Sombragrís, y el libro entró en el subconsciente hasta que pudo leerse casi diez años después.
Debieron pasar ocho años hasta que tuve contacto nuevamente con él, y fue gracias a que mi hermano me envió sus copias de El Hobbit y de La Comunidad del Anillo desde Monterrey. En El Salvador, en esos años de guerra civil, lo menos que había eran libros.
Sin embargo, al comenzar a leer El Hobbit... simplemente no podía pasar la página. No me gustaba el tono infantil al confrontarlo con los recuerdos de la película de Bakshi. Así que pasaron otros tres años con los libros sin abrirlos.
En abril de 1988 decidí leer sí o sí, pero comenzando con La Comunidad del Anillo... topándome con "Concerning Hobbits"... Pero leí y leí aunque no encontrara las imágenes de Bakshi. Y de pronto, "como un relámpago que surge de debajo de una nube oscura", finalmente llegué a "La Sombra del Pasado". Y el Universo nunca volvió a ser igual.
A partir de ese capítulo, leí el resto de La Comunidad del Anillo en un día completo. Terminé en la madrugada.
Es exactamente ese capítulo — y los que le siguen hasta "La Niebla de las Colinas de los Túmulos" — lo que Colbert eligió como corazón de su película. No es una coincidencia de fan. Es la elección de alguien que entiende dónde está el verdadero peso del libro: no en las batallas, sino en el momento en que Gandalf le dice a Frodo la verdad sobre el Anillo, y el mundo ordinario se vuelve irreversiblemente peligroso y grande.
Jackson nunca filmó esos capítulos. La trilogía de El Hobbit fue, en el mejor de los casos, una distracción cara. Pero si esta nueva película, a diferencia de aquella trilogía, causa ese efecto de hace ya casi 40 años — ese relámpago debajo de la nube oscura — será bendito el día en que Stephen Colbert terminó en CBS.
Ojalá así sea.