La Golden Age

Juguetes Golden Age

Los 70s y 80s en plástico, acetona, corcholatas y papel adhesivo

Big Jim, Mego, Stretch Armstrong y todos los juguetes que sobrevivieron al Síndrome de la Madre Acechante. Algunos de nosotros también sobrevivimos.

Super Elastic Bubble Plastic

Esto declara Wikipedia. ES-TO DE-CLA-RA WI-KI-PE-DIA:

"Químicamente, el juguete contenía acetato de polivinilo disuelto en acetona, con fortificadores plásticos de acetato de etilo añadidos. La acetona se evaporaba al inflarse la burbuja, dejando tras de sí una película de plástico solidificado."

Todavía no sé cómo sobrevivimos los años 70s:

"Además del potencial de derrames cuando los niños manipulaban el plástico líquido, la sustancia también emitía gases nocivos. Los vapores podían concentrarse dentro de la pajilla, lo que hacía peligroso inhalar a través de él mientras se inflaba una burbuja. Debido a estos problemas, el Super Elastic Bubble Plastic fue finalmente descontinuado."

Sí, lo descontinuaron. PERO hasta 1980. Repito: todavía no sé cómo sobrevivimos los 70s… ¡pero lo hicimos! Aunque es aún más feo admitir… ¡que me gustaba el sabor y el olor del Super Elastic Bubble Plastic!

¿Traen sus cinco corcholatas?

Las corcholatas — y hoy las taparroscas plásticas y las pestañas de las latas de aluminio — son las preferidas de las marcas de gaseosas como prueba de compra para sus promociones o incluso sus colecciones.

A finales de 1979 y principios de 1980, Uva y Fresa Tropical, marcas salvadoreñas que en 1994 fueron compradas por Coca-Cola, sacaron una colección de personajes de Disney. No sé cuántas gaseosas tuvimos que tomarnos con mi hermano para poder llegar a tener casi o toda la colección — no lo recuerdo. Lastimosamente estas corcholatas no sobrevivieron el Síndrome de la Madre Acechante, a pesar de que su valor era inconmensurable por el antecedente diabético que seguramente causaron… ¡Pero sobrevivimos los 70s!

Llegó 1982, y la fiebre por la clasificación de El Salvador a España 82 hizo que coleccionáramos todas las corcholatas de Coca-Cola y Fanta Kolita que nos tomábamos después de mis clases de tenis. Nota luctuosa: tristemente esa fiebre se curó el 15 de junio de aquel ya remoto año… "vaya usted a saber por qué".

Diez años después, para conseguir un Pepsivaso de Batman por el estreno de Batman Returns en 1992, según las instrucciones de Batman y del Pingüino:

— ¿Traen sus cinco colones y sus cinco corcholatas? (así: con voz de Batman)
— ¡Yo traigo taparroscas que valen doble, Batman! (así: con voz imitada del Pingüino)
— Narrador: ¡PEPSIVASOS DE BAT-MAN! Con efectos especiales para ti…

Como marca registrada de Britoman, sólo imagínense la escena de un Batman con delantal en una tiendita donde llega el Pingüino feliz con sus taparroscas… y una línea previa de diálogo para Batman — con delantal — que no apareció en el anuncio de radio: la clásica "Qué quería".

Pero no importa, porque yo todavía tengo "un mi" ¡Pepsivaso de Batman! ¡Con efectos especiales para mí!

¿Traen sus cinco corcholatas? Part Deux

¿Imaginar? ¡Estamos en el artificialmente inteligente 2026!

Navidades Setenteras

Navidad de 1973. Santa Claus nos deja a mi hermano y a mí dos regalos en el árbol. Mi hermano abre el suyo: era Big Jim. Yo abro el mío: era Big Josh. Ese evento, y la costumbre de mi mamá de coleccionar miniaturas plásticas de personajes de Walt Disney, me trajo el vicio intermitente — primero de 1973 a 1985 y después de 2003 a la fecha — de coleccionar figuras de acción.

Y no se puede decir que a mi mamá la atacó el virus de la Madre Acechante pocos años después. Ella ponía sus miniaturas en un mueble de madera con vitrina, ordenadas... y bajo llave. Es decir, ORDEN sobre todo.

Era todo un evento cuando abría la vitrina... o cuando nos atrevíamos a abrirla con una llave guardada con un manojo de congéneres en una bolsita de cuero azul oscuro (algo que no recuerdo debió pasar con esa llave para tenerla en mente con tanto detalle...).

El Big Jim de mi hermano aún lo conservo. El Big Josh ya no. Mi hermano fue más cuidadoso que yo hasta 1975, cuando en esa Navidad mi papá repitió el rito: para mi hermano, otro Big Jim. Para mí, Big Jeff. Pero antes de eso, en agosto mi papá debió llevarme a Miami por segunda vez con el alergólogo de su confianza. Fui un niño asmático, y en esos años no había especialistas en El Salvador. Y traigo eso a cuenta porque el viaje, aunque me hicieron las traumáticas pruebas de alergia, fue feliz no sólo porque volví a ver a Mickey Mouse, sino porque mi papá nos compró buena parte de la colección de Mego Superhéroes: estoy seguro que entre las figuras compradas estuvo el Guasón y el Pingüino. Hubo más pero no puedo indicarlo con precisión.

Y en las siguientes navidades hubo más figuritas, porque si no contamos los comprados en el viaje a Miami y uno que él hizo en 1978 cuando nos trajo la primera tanda de los 12 originales Kenner de Star Wars, en la casa se cumplía a rajatabla que regalos sólo en dos ocasiones en el año: cumpleaños y navidad.

Mi papá era un genio para hacernos creer que verdaderamente Santa Claus nos llevaba los juguetes. Ya en 1976 no es que creyéramos que existía el gordo vestido de rojo: es que nos sorprendía cómo es que aparecían de improviso, y no solamente en el árbol. Hasta que un día de noviembre de 1977, jugando con una pelota de tenis, mi hermano descubrió el set del Lazervette de Big Jim P.A.C.K. debajo de mi cama... momento agridulce. Nos hicimos los desentendidos el 24 de diciembre para no bajonear a mi papá.

La colección de Big Jim, como lo dice el mapa del San Salvador Geeko, la vendían en Mini Toys, tienda preferida de Metrocentro, el que creo que continúa siendo el centro comercial más amplio de El Salvador, más que en estos momentos están construyendo una nueva etapa. Y en Metrosur, al costado de Metrocentro, pero que nunca alcanzó la importancia del primero, estaba La Moda Parisiense, una tienda de bebés, pero que inexplicablemente era la única tienda que vendía los Superhéroes Mego.

También en Metrocentro estaba la tienda McEntee, mucho más pequeña pero que en 1979 vendía las figuras de El Hombre Nuclear y de Star Wars. Y finalmente el mapa del San Salvador Geeko muestra El Conejo Cholco, donde mi hermano y yo encontramos las figuras de El Señor de los Anillos de Ralph Bakshi, que aquí se estrenó en la navidad de 1978... para ser quitada de la cartelera del Teatro Presidente en menos de dos semanas. Así que nunca vimos la película hasta la llegada del Betamax a la casa, en 1983.

La última figurita Big Jim que tuve fue la de la colección de los piratas, y fue el Capitán Hook, que por cierto utilizaba la cabeza de Torpedo Fist. Ya para principios de los 80s Mattel reutilizaba las piezas de figuras previas. Cuando eso sucede, es quizá que ya las colecciones comienzan a estar en declive, algo que ya le está sucediendo al Todd con su DC Multiverse.

Y bueno: otras entradas tendrán las fotos de esas colecciones, porque todavía las conservo después de más de 50 años... la Madre Acechante y su creación del Coleccionista Extremo. Por el momento, ¡hasta aquí llegamos!

Dispensadores PEZ

Hoy, casi 50 años después, no entiendo cuál era la gracia de estos dispensadores que hacía que en 1978 los buscara tanto en una tienda en Metrocentro que ya el tiempo borró de mi memoria (pero no era Mini Toys), pero que recuerdo que también ahí compré tarjetas Topps de Battlestar Galactica, Tiburón 2 y Grease sólo para comerme el chicle (y que todavía conservo, incluyendo las calcomanías... las menos representativas de las películas... mmm: si aún las tengo, no las compré sólo por el chicle).

¿La gracia era la cabeza del personaje de cultura popular? ¿Los diez dulces que dispensaba el tal aparatito? Dulces que por cierto eran unas cápsulas rectangulares con bordes redondeados que no duraban casi nada. ¿Estirar la cabeza del personaje para acomodar los dulces? ¿O el momento, mágico para aquel momento, de ver cómo de la garganta del Tío Rico McPato o del Capitán Garfio salía la cápsula?

No lo sé. Pero lo cierto es que han sobrevivido casi 75 años... ¡Y aquí tengo uno!